No todo lo que brilla es oro

por Savitri

diamante

Lo que somos en realidad nada tiene que ver con la forma, el tiempo o la materia… sin embargo, vivimos identificados con ello. La persona que destaca por su belleza física cree haber nacido con suerte y muchos de los que no sobresalen (frente a dichos atributos) se condicionan socialmente por el hecho de no poseerlos. Pero cabe preguntar ¿Qué riesgos y beneficios tenemos al estar en un caso u otro? ¿Quién está más propenso a sufrir? Comparto algunas reflexiones a continuación:

Somos mucho más que un cuerpo físico y éste no es más que el “vehículo del alma” que posibilita su experiencia en la materia. Pero debido a los modelos sociales impuestos… tenemos que reflexionar y pensar en lo que nos estamos metiendo.


Si destacas por tu belleza

Tienes que saber que la belleza física, puede tornarse un potencial problema que llevar ¿Por qué? porque la belleza te da “poder” y es a través de ese “poder” que ella toma posesión sobre tí. Es una astuta forma de comprarte a través del ego. Una vez que quedas dominado por ella te ciega y te arrastra a cometer todo tipo de tonterías. Debes ser muy consciente y maduro para controlar su uso, ya que de otro modo será un gran peligro para tu vida. Estás muy propenso a involucrarte con el ego y eso significa más posibilidades de sufrimiento.

Al sentirnos orgullosos de nuestra belleza física (y quedar dominados por ella) quedamos más propensos a toda clase estupideces como engañar, discriminar, manipular, vanagloriarte, competir, rechazar, sentirte superior, etc. y lo peor: hacer de tu vida una apariencia. El mayor peligro de la belleza física es que puedes pasar muchos años de tu vida en la ceguera de “jugar con tu belleza” (sin saber que es ella la que está jugando contigo) y quedar sin nada cuando la vida traiga el ciclo de la madurez del ser. Así funciona, es un espejismo. Cuando nuestros cuerpos maduran como adultos, nuestros intereses cambian y la belleza física (junto con el ciclo vital del ser) comienza a declinar. Este momento es de intensa infelicidad para las personas que solo alimentaron su vanidad física. Pues… ¿Qué les ha quedado? Han pasado toda una vida de identificación con lo externo, con la forma y con el ego. Así empieza el camino desesperado por volver atrás. Comienzan por operarse, realizar tratamientos, tapar arrugas, vestirse exageradamente etc. Pero nadie puede con el paso de los años y si no has sabido sembrar algo de “esencia” en tú ser tu belleza te esclavizará también al final ¿Cómo? llevándote a hacer miles de cosas para “lucir” como antes o para mantenerte a la moda. Es un ticket directo al sufrimiento. La belleza física puede dominarte de por vida, al principio dándote un vano poder y al final por la desesperación volver atrás.

Por ello insisto: no está mal sentirte bien contigo, ni verte bien, pero hay que vigilar la belleza y evitar ser esclavo de ella. Todo debe llevar su cuota de equilibrio y consciencia. Es una gran tarea dar a la belleza el lugar que corresponde ¡No todo es tu aspecto externo! Lo importante es saber que lo superficial pertenece a un plano secundario de la vida y los aspectos internos son la base de la verdadera plenitud. El cuerpo es el templo del alma y hay que cuidarlo, pero la verdadera dueña es tu esencia divina. Eso eres… ¡Recuérdalo! Si pones en práctica esto, no serás dominado por tu apariencia y en el momento que tu belleza física decline no te ofuscarás, sino que podrás vivir la madurez con belleza interna, con sabiduría… que es lo que corresponde y no desde un estado sufriente.


 Si no destacas por tu belleza

En tu caso el único peligro que existe es la sociedad y la comparación con sus necios modelos. Si te desvalorizas demasiado quedas inconforme con tu ser. Esto te bloquea… pues te vuelves loco imitando y esforzándote por ser lo que no eres. Aquí quedas atado al ego inversamente, como negación.

¡Pero tienes un tesoro inmenso! La persona que no tiene grandes atributos de belleza física posee naturalmente un filtro anti-apariencia y una posibilidad menos compleja de nutrir los aspectos internos. Estás menos propenso a involucrarte con el ego (si te aceptas) y eso significa menor caudal de sufrimiento. Solo del interior proviene la verdadera belleza, la real felicidad y tú no tienes tantas posibilidades de perderte. Seguramente no tengas tanta demanda social, pero quien llegue a tí lo hará sin intenciones aparentes. Estás mas propenso a tener juntas honestas y verdaderas. Tienes la gracia de no quedar dominado por la belleza física y eso ahorra un gran trabajo para tu alma. ¡Debes valorarlo! Cuando no valoras tu ser y quieres transformarte en esos “modelos sociales perfectos” sufres, eso se debe a que no valoras el inmenso regalo que tienes, ya que ignoras el sufrimiento (y el condicionamiento) de quien posee belleza física y es dominado por ella. Ser muy bello físicamente es todo un problema y puede sonar ilógico pero estás rechazando lo que tienes por ser algo con más posibilidades de sufrir. ¡Sería ilógico!

Quizá no lo comprendas del todo pero tienes que valorar lo que te ha tocado, aceptar lo que es y encontrar el misterio que tu vida esconde. Tu tienes muchas más posibilidades de disfrutar verdaderamente y hacer de tu vida algo menos aparente. Simplemente obsérvalo y agradece ese regalo de la vida. Debes quererte, amarte y respetarte… ya que la belleza física está plagada de espejismos.


Conclusión: Cuidado equilibrado.

La belleza y el cuidado externo tienen su cuota de importancia dentro del equilibrio del ser. Mantenernos sanos, limpios y cómodos nos aporta una armonía interna necesaria. Sería como “cuidar nuestra casa”. El problema radica en que esta sociedad ha llegado a un extremo absoluto y nocivo con su concepto de “belleza”. Quedar identificados solo con nuestra “cáscara” es quedar identificados con la forma, el tiempo, el ego y esto es la raíz de infinitos sufrimientos. Recuerda tu naturaleza eterna, que no depende de apariencias externas y trabaja para lograr esta consciencia. Esto es una puerta hacia la liberación.

La mayoría de nuestros males dependen de nuestra identificación con esos aspectos superficiales, transitorios y pasajeros. Tienes que defender tu identidad como individuo (esencia) y dejar de aportar al “objeto”. La mayoría alimenta aspectos sociales y superfluos… sin darse cuenta que terminan siendo repeticiones de lo mismo. ¡No te tornes un objeto! (de placer, de atracción, de elogio, de prestigio)… ¡Tórnate un individuo! Sé tú mismo, único, particular e irrepetible… y vaya casualidad que para ello no necesitas más que valorar lo que siempre has sido.

Solo el individuo puede mantener la real belleza, pues nunca está preocupado con ser otra cosa y valora la oportunidad de ser un eslabón único e irrepetible de La Creación.

En unión,

Sivael

 

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