¿Qué tipo de amor cultivamos?

por Savitri

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Muchas personas poco a poco van tomando consciencia de la situación humana y tratan de hacer lo posible por aportar al cambio. Pero si observas bien siempre seguimos tomando falsas posturas divisorias y aportando a una creciente “separación”. Hoy se multiplican protestas, reclamos, discusiones, posturas, luchas, pero parece ser poco el amor que cultivamos y brindamos a los demás. ¿Por qué no podemos cambiar?  ¿Cómo podemos aportar a re-concientizar la unidad? ¿Cómo pulirnos? Podríamos decir que no hay mucha complicación en amar y trabajar la unidad con quien piensa igual que  nosotros… ¿Pero qué sucede con quien piensa diferente? ¿Tenemos la capacidad desarrollar unidad con quien difiere de nuestra postura?

Es por esta razón que quiero comenzar con una simple frase: Elegir es inevitable, pero dividir es opcional”.

¿Elección es división?

Digamos que elegir es una acción prácticamente inherente al ser humano, pero no necesariamente está ligada a la división. Dividir es independiente de la elección y es importante que comprendamos este punto, pues mucho de lo que hoy nos afecta viene de la mano de “adherir” división a nuestras elecciones. Tu eliges, pero eso no tendría que ser motivo de división con tu hermano. ¿Por qué lo haces?

¿Cómo sucede esto?

El problema es el mismo de siempre, el ego. Cuando elegimos entendemos nuestra decisión como la “más adecuada”. Seguramente nuestra elección es adecuada para nosotros pero quizá no es la más adecuada para el otro. Tenemos que aceptar que nunca podremos saber lo que el otro siente, piensa o experimenta. ¿Crees poder saber lo que el otro realmente experimenta? ¿Tienes realmente potestad para juzgar un proceso ajeno? Algunas cosas que te benefician, podrían perjudicar a otro y viceversa. Por ello cuando criticamos una situación ajena nos vemos restringidos a hacerlo a través de nuestra propia experiencia y ello implica nuestras  elecciones: visiones, conclusiones, experiencias, decisiones, posturas, creencias, etc. De ahí nace el famoso concepto de ver “nuestro reflejo” en el otro. Si no cuidamos estos procesos podemos llegar a una suerte de soberbia separatista y falta de entendimiento frente a los procesos ajenos.

Es por esta razón que cuando juzgamos a otro (en base a nuestra experiencia) podemos llegar a concluir que el otro “se equivoca” y así librarnos a una separación prejuiciosa. Es por pensar egoístamente, que muchos de nosotros vivimos el proceso de elección unido al de división y esto aporta a una humanidad fragmentada. Es bueno saber que con lo que “creemos correcto” también podemos generar división y la idea es dejar de dividirnos entre hermanos. Es una realidad que puedes elegir sin dividirte del otro. Esto no impide que puedas utilizar tu experiencia para aportar, ayudar o alertar al otro, pero de poco valdrá si no sabes respetar sus tiempos y procesos individuales. Tenemos que aprender a tomar nuestras elecciones sin que esto sea motivo de separatividad o división con el prójimo. ¿Entiendes como puedes aportar a la unidad?

Un todo interconectado

Somos un organismo interconectado, el mal de uno es la dolencia del otro. Tenemos que deshacer la vana idea de que lo único relevante es aportar a un camino egoísta y ambicioso. Eso nos daña.  Es por esto que la división es una de las principales fuentes de sufrimiento del ser humano y el organismo humanidad. Las claves sanadoras radican en disolver las ilusiones egoístas y nutrir nuestra capacidad de amor.

De a poco vamos aprendiendo a compartir con respeto, justicia, sin imposición, sin burla, sin prejuicio y sabiendo que nuestras elecciones no tienen porqué generar el mismo impacto en los demás. Nos damos cuenta que no hay mayor placer que aportar al bienestar común, a la unidad y al desarrollo del amor. Descubrimos que la vida es muy paradójica, pues lo que nos hace bien podría perjudicar a otros. Cuando nos hacemos conscientes de esta realidad comenzamos a “elegir sin dividir”. Esto significa respetarte, tomar tus decisiones, prestar ayuda, ser justo y decir lo que piensas… pero a través de un proceso unificado y abarcante que no rechaza a quien piensa o actúa diferente. Solo aportas al beneficio general y fraterno. Es un camino de crecimiento interior basado en el amor, la justicia y la comprensión. Es la verdadera concepción de “amar al prójimo como a nosotros mismos”.

¿En qué nos beneficiamos?

Es muy necesario comenzar a concientizar este proceso ya que nuestra realidad depende de ello. Vivimos en un mundo de prejuicio y división que nos condiciona bajo sus espejismos. Dañar a otros, es dañarte a tí mismo. Nuestro ego nos lleva al hombro inmensas mochilas de conflictos que afectan nuestros entornos personales, familiares, laborales e internos. A medida que vamos dejando de aportar al “ego”, reducimos la capacidad de criticar, esperar, imponer, dividir y forzar situaciones con los demás. Nos liberamos de tanta basura acumulada. Con nuestro cambio consciente logramos poco a poco transformar nuestros entornos en un espacio de mayor fraternidad y plenitud. Las diferencias y discusiones no dejan de estar, pero nuestra postura frente a ellos habrá cambiado y no aportará a la separatividad. Nada de esto impide la posibilidad de expresión y ayuda hacia otros, simplemente nos lleva a un plano de enriquecimiento-unidad con el proceso ajeno. Comenzamos a tomar consciencia de nuestra unidad original y esto aporta a un organismo-humanidad sano. Concientizar la unidad original es transformar nuestra realidad.

Mucha de la materia prima del conflicto disminuirá y podremos vivir más libres de contaminación humana. Tenemos que entender que aportar con amor a pequeños procesos internos de unidad (micro) vale más que ir al auxilio de las consecuencias de la división (macro). A veces tomar una rígida postura de oposición no elimina del todo el conflicto. Ya que nuevamente nos estamos dividiendo y fragmentando. Hay que ir a la raíz del problema y saber que la verdadera transformación se va dando a medida que nos purificamos de actitudes divisorias y reconocemos nuestra esencia.  ¿Cómo podremos aportar a la humanidad si no cambiamos primero nosotros?

Los corazones cristalizados no se transforman con la crítica o el ataque, sino con la irradiación transformadora del amor. Cuidado que no hablo de conformismo en absoluto, simplemente digo que dejes de generar división en tu interior y que el juicio ajeno llegue de la mano de sus actos. Cuando alguien hace algo malo sus propios actos le condenan y juzgan. Y comprender esto nos resguarda de la especulación crítica y sus amargos momentos.


Todos creen tener el camino correcto, pero mientras ese camino “te separe” de tu hermano algo faltará… ¿Puede un camino verdadero llevar a la separación? ¿Qué puede avanzar en la división, el egoísmo y el conflicto? Piensa…

Los dejo con esta pequeña reflexión y espero que puedan llevarlo a la práctica… sin idealismo, pero con mucho amor y dando lo mejor de ustedes. De cada uno de nosotros depende la real transformación.

Con profundo afecto,

Sivael

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