Normalidad

por Savitri

humanidad

un gran poeta solía decir:- “La pureza de las estrellas es sólo cuestión de distancia” y te habrás preguntado ¿Por qué es más fácil irritarse con un buen amigo o familiar? ¿Por qué somos más fríos con nuestros seres queridos? ¿Por qué es más fácil hacer caridad con desconocidos? ¿Por qué a veces dañamos a las personas amadas?

Hay una gran clave: conocemos su humanidad y ellos conocen la nuestra. Cuando conoces mucho a alguien no queda espacio para idealismos. Has visto a esa persona en todo su espectro humano: bien, mal, criticando, ayudando, cayendo, levantándose, etc. Eso reduce en gran medida nuestra capacidad de idealizar y nos muestra una faceta más humana. ¿Pero quién está exento de esto? La naturaleza humana comparte aspectos comunes e inherentes a la especie. En el hogar somos mucho más naturales y esto hace que los integrantes vean intensamente el contraste de sus personalidades.

Mientras menos conoces a alguien mayor es la probabilidad de generar suposiciones, esperas e ideales. Caso ejemplar de los tantos amores platónicos que alimentamos desde nuestra imaginación. Cuando aún no hemos visto la faceta imperfecta de alguien, nuestra psiquis no tiene material mediante el cual juzgar o etiquetar a la persona. Por esto hay gran probabilidad de generar entusiasmo e ilusión al respecto. ¿Pero que es más verdadero? Ni bien llega una actitud inesperada, dolorosa o molesta, esa persona desciende en el ranking de los preferidos. Mientras más esperamos de los demás más sufrimos, pues el amor se trata de amar las cosas como son y no como nos gustaría que fueran (las personas también). Al tornarnos comprensivos aceptamos la humanidad del otro y así trascendemos determinadas actitudes. Esto no significa dejarse pisar, sino actuar desde una visión compasiva y consciente.

He aquí el problema ¿Dónde queremos vivir? ¿En esos idealismos o en la concreta realidad? La naturaleza humana es lo que es y todos compartimos (en mayor o menor grado) las mismas cualidades. Todos en algún momento caemos, nos levantamos, perdemos, ganamos, sufrimos, nos alegramos… Por ello el verdadero amor nos invita a trascender nuestras esperas e idealismos. Tenemos que forjar una visión realista que permita valorar a las personas por lo que son y en todo su espectro. Así nos tornamos abarcantes, comprensivos y compasivos. Si nos gusta que nos valoren (a pesar de todas nuestras falencias) tenemos que aprender a valorar a los demás con todas sus falencias. Podremos decir lo que pensamos y actuar desde una visión más comprensiva. Así ampliamos nuestra capacidad de amor hacia los demás y nuestras acciones no van cargadas de negatividad.

La vida nos coloca en el mejor entorno para nuestro aprendizaje. Lo cotidiano a veces es más valioso de lo que pensamos y tenemos que cuidarlo. Estas personas se nos muestran en todo su espectro ¿No tendríamos que valorarlo? Lo pequeño y cotidiano es sobrio como el agua, pero siempre calma la sed. Muchas ilusiones nuevas aún pueden surgir, pero llegaremos siempre al mismo punto: a confrontar con nuestra inherente naturaleza humana. Sepamos que necesariamente es en esta “normalidad” que se producen los mejores aprendizajes. Es en esta normalidad que sabremos poner a prueba nuestra verdadera capacidad de amor, comprensión y perdón. Es en esta normalidad que aprendemos a amarnos por lo que somos, a ahorrarnos críticas y a reconocer con humildad que todos cargamos en mayor o menor grado con los mismos aspectos.

Generando esta consciencia, nuestro amor se torna abarcante, comprensivo y trascendente a cualquier situación o criatura.  ¿Será por esto que nadie es profeta en su tierra? ¿Podremos hacer de lo ordinario algo extraordinario?….. El poeta quizás tenía razón al afirmar que: “La pureza de las estrellas es sólo cuestión de distancia”

Un abrazo de paz

Sivael

30/10/13

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